Bereberes
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Benissa. Desfile Moros y Cristianos 01 Julio 2001. Moros i Crsitians

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BEREBERES 

Al abordar en el pasado año el capitulo relativo a la invasión peninsular llevada a cabo por las huestes musulmanas en el 711, ya vimos como un grupo de bereberes norteafricanos eran llamados por uno de los aspirantes al trono visigótico y, al comprobar lo fácil que les resultaba moverse impunemente por todo el territorio, cambian sorprendentemente de planes y en un tiempo récord, tan sólo 5 años, se adueñan de los territorios que en principio tenían que conquistar bajo las órdenes del señor cristiano. 
Para acercarnos al conocimiento del grupo bereber que invade la Península Ibérica, es esencial que tengamos en cuenta que su asentamiento en los territorios conquistados se produce en dos fases: 
A) Por un lado tenemos una primera oleada de 12.000 bereberes, mercenarios de religión musulmana, pero no de raza árabe, que provienen del norte de Africa y que son los encargados de llevar a cabo las primeras campañas de penetración. Realizan incursiones rápidas en los territorios hispanos y favorecen de este modo el posterior asentamiento árabe pues cuando llegan éstos, encuentran ya abiertas las vías de penetración. 
Estos primeros bereberes, tienden a establecerse como pobladores, y se asientan en los territorios fronterizos de al-Andalus, próximos a los reinos cristianos, pero van adquiriendo con el tiempo un refinamiento en sus costumbres que los acercan, tanto en el arte como en las letras, al entorno andalusí en el que ya están inmersos.
Los bereberes son considerados no como tropas regulares, sino auxiliares, es por eso que muchos de ellos cruzan el estrecho con la intención de establecerse, y llegan a hacerlo en un número tan considerable ( unas diez veces más que los árabes) que sus sublevaciones son enormemente temidas y en algún momento llegan a poner en entredicho la misma presencia árabe en al-Andalus.
Muy pronto, los norteafricanos son marginados, separados de los puestos de mando y segregados en favor de los árabes a partir del año 714, lo que suscita un enfrentamiento, ocasional, entre árabes y bereberes (740), que más tarde desemboca en una explosión generalizada de la etnia bereber en el 750.
B) La segunda oleada bereber, se produce en las últimas décadas del siglo X y comienzos del XI, con la llegada de Almanzor al califato. Los bereberes vuelven a ocupar puestos estratégicos en los círculos de poder, ya que el desinterés por las campañas bélicas mostrado por la aristocracia árabe, conlleva a que su colaboración en la conquista de nuevos territorios sea únicamente a través del pago de tributos. De este modo el califa se ve forzado a contratar tropas norteafricanas para ampliar sus fronteras, por lo que los bereberes ven crecer día adía su poder político y militar.
Esta segunda oleada, no estaba integrada en la civilización hispano-árabe, y se nos presenta con las características propias de su origen magrebí. Por lo tanto, tenían unas costumbres diferentes a las de los árabes instalados en España desde hacía siglos. Así pues, los caballeros árabes de al-Andalus, tenían un caballo para cada soldado, más otro que llevaba sus armas (según costumbres cristianas). Los bereberes sólo llevaban un caballo y únicamente utilizaban cota de malla los jinetes de gran prestigio y poder. La cota siempre era corta, a diferencia del resto de la caballería, tanto de cristianos como de árabes. No combatían con escudo, ni lanza larga, ni gruesa, solamente usaban sables, y lanzas livianas, más fáciles de manejar. En vez de escudo, llevaban una adargas de cuero de animal, donde rebotaban mejor las flechas, sables y lanzas, el estribo bereber era más corto que el de al-Andalus, consiguiendo así mayor agilidad y libertad de movimiento en la cabalgadura.
La profesionalidad con estos soldados se dedican a los menesteres de las guerras y conquistas, hace que a la muerte de Almanzor, los bereberes, contribuyan a las luchas sucesorias apoyando a “su califa” y al lograr la victoria consigan que se les concedan determinados territorios en el entorno geográfico de Sierra Nevada, con lo que se inicia el desmembramiento andalusí, que muy pronto se conocerá como “Reinos de Taifas”. Mientras algunas taifas, como las de Córdoba y Sevilla, se constituyen en repúblicas independientes, los bereberes hamuditas de Málaga, siguen usando el título califal, pese a haber sido abolido por la alta burguesía cordobesa en el año 1035 y es en estos momentos cuando llegaron a ostentar su mayor esplendor cultural, emulando a los Omeyas en todas las ramas de arte, así como en la organización política y administrativa, sin apenas innovaciones de importancia.
Las guerras continuas entre las distintas taifas propiciaban que el reino más fuerte anexionara a los más débiles, así la taifa bereber de Málaga fue anexionada por la de Granada en el año 1051. Años más tarde, y ante el peligro cristiano, los “reyezuelos” taifas de la península piden ayuda a los Almorávides del Sáhara (1086). Este nuevo grupo étnico impondrá su propio dominio, creando un nuevo y gran imperio que terminará con el poder de los bereberes y dará un nuevo giro a la historia islámica en la península. Pero esto es ya otra parte de la historia que abordaremos en otra ocasión y para lo que quedamos emplazados en el próximo libro de fiestas.
Dolores Orihuel García & Llorenç Bertomeu Banyuls