Templaris
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Benissa. Desfile Moros y Cristianos 01 Julio 2001. Moros i Crsitians

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Filà Templaris DSC03226.JPG Filà Templaris. Arcas de l'Aliança Filà Templaris
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TEMPLARIS 

El contexto histórico general. donde se desarrolla la historia de los Templarios sitúa en la cruzada que predicó el Papa Urbano II para la reconquista de los Santos Lugares en el año 1095, en la que exhorta a los caballeros cristianos a luchar contra los infieles garantizándoles a cambio la total remisión de sus culpas para todo el que acuda y defienda la Fe de Cristo. Jerusalén es conquistado y los musulmanes son derrotados pero se hace difícil mantener posiciones y sobre todo las rutas seguidas por los peregrinos para visitar los Santos Lugares son inseguras y entrañan graves peligros. Es entonces, en plena Edad Media, cuando Europa Occidental despierta y se empeña en avanzar hacia el Este, con el fin de extender su fe, conquistar nuevas tierras y enriquecer a los señores que dirigen estas campañas contra los sarracenos.
Es pues en este contexto donde nace y se desarrolla el Temple, cuando Balduino II reina en Jerusalén: un reino cristiano en el corazón de Palestina.
Abordar la historia de los Templarios no resulta fácil ya que las fuentes son en algunos casos confusas y en otros contradictorias. La verdad es que hablar de la Orden del Temple supone enfrentarse a un halo de misterio y esoterismo que rodea aproximadamente tos 200 años de historia de estos monjes-guerreros que si bien su origen es francés, sus gestas se desarrollan en Palestina y Oriente Medio dónde después de enriquecerse desmesuradamente fueron derrotados, refugiándose en sus posesiones europeas dando lugar a las más apasionadas envidias y a los más desaforados ataques que culminaron con el proceso que acabo con la Orden de un modo difícilmente explicable.
El origen de esta historia se remonta al año 1118, cuando el caballero francés Hugo de Payns guiando a un grupo de nueve personas crea un primer núcleo denominado Orden de los Pobres Caballeros de Cristo. Estos monjes-soldados además de efectuar los clásicos votos de pobreza, castidad y obediencia adoptan también el de defender a los peregrinos que acuden a visitar el Santo Sepulcro. Inmediatamente obtienen ayudas económicas y son alojados en el Templo de Salomón. A partir de este momento se convierten en Caballeros Templarios.
La Orden crece rápidamente, normalmente los segundos hijos de familias mas o menos poderosas deciden unirse al Temple ya que en casa tienen pocas salidas si exceptuamos la vida sacerdotal o los lances guerreros por esto optan por esta solución que les proporciona aventuras y la posibilidad de defender su fe además de integrarse en una poderosa organización que se enriquece rápidamente y cuyo poder económico es envidiado por monarcas y señores feudales.
La mutua admiración que se profesaban con los musulmanes así como la caballerosidad en su trato les acarreó posteriormente graves consecuencias pues en el proceso a que se les sometió se les acusó de haber tenido relaciones con sectas esotéricas musulmanas además de otras muchas aberraciones que, si bien no fueron nunca probadas, si arrojaron sobre ellos una "leyenda negra" probablemente fomentada por el mismísimo monarca francés o sus allegados con et. fin de acabar con la Orden y heredar las riquezas que se acumulaban en los castillos y encomiendas templarias.
El sello que utiliza la Orden es también fuente de dura polémica: representa a dos Templarios a la grupa de un solo caballo. Algunos opinan que esto fue idea de San Bernardo, auténtico impulsor de la Orden y que simboliza la pobreza o la dualidad que se funde en el caballero templario, por un lado el monje y por otro el guerrero. Sin embargo, para la tradición popular, esto tiene otra explicación mas sencilla: el templario lo comparte todo con su compañero en la soledad del desierto (es posible que hasta su propio cuerpo).
Los secretos de la Cábala, en los que se asegura que los templarios están también iniciados añaden otra teoría a la significación de su sello: el caballero no cabalga solo, le acompaña su espíritu o, tal vez el diablo.
Todas estas explicaciones son completamente especulativas, careciendo totalmente de rigor histórico probado, se da como explicación tradicional a la primera de ellas, es decir la de pobreza pero es curioso contrastar que las reglas de la Orden permitían al caballero tener hasta tres caballos lo que contradice en cierto modo la explicación tradicional.
Su extensión por Occidente la encontramos relacionada con una política de donaciones que la Orden recibe de diversos señores feudales, tanto franceses, británicos como distintos reinos hispánicos que hacen de estos monjes-soldados, hábilmente dirigidos por las mentes más privilegiadas de Europa, unos excelentes banqueros que trabajan ya con lo que modernamente denominaríamos ‘cheques de viaje’, es decir, que cualquier peregrino que decidiera viajar a Tierra Santa podría libremente hacerlo sin dinero ya que depositaba su capital en cualquier banco del Temple y aquí se le proporcionaba la documentación necesaria para hospedarse y sobrevivir en los castillos y encomiendas templarias.
La donación más importante que recibió la Orden en los Reinos Hispánicos le sobrevino de Alfonso I el Batallador, quien después de reconquistar Zaragoza a los almorávides en 1118 siguió viviendo como un apasionado y auténtico cruzado impulsado por liberar a todos los cristianos oprimidos por el Islam dejando a su muerte como herederos de su reino a tres Ordenes Militares. Entre estos tres herederos del Reino de Aragón se encontraron pues los Caballeros Templarios hispanos en el año 1134.
Esta conflictiva herencia no llegó a cuajar pero sí que colocó a los Templarios en una excelente situación económica ya que a cambio de renunciar a ella recibieron numerosos privilegios así como el compromiso de recibir la quinta parte de las futuras conquistas de los reyes catalano-aragoneses. Al poco tiempo se habían convertido en auténticos competidores de la autoridad real y habían Llegado a constituir, como en otras partes de Europa, un "estado dentro del estado". Ni por un momento se podía haber previsto esto por parte de los monarcas ya que en un principio lo único que importaba era arrebatar territorios a los musulmanes siendo un objetivo común para Templarios y Señores feudales.
Un siglo más tarde, a mediados del. S. XIII, contribuyeron eficazmente en la conquista de los territorios Valencianos, ofreciéndoles a cambio diversos privilegios en puntos de la actual provincia de Castellón legando hasta Montesa sus posesiones y encomiendas.
No es de extrañar pues que la pervivencia de la Orden del Temple en las monarquías Hispánicas coincida con los años de máximo empuje de la reconquista, con los de mayor estabilidad política (poniendo entre paréntesis la dudosa estabilidad que la Edad Media implica) y con el momento de mayor florecimiento cultural.
Cuando en 1312 el Papa Clemente V extingue la Orden, después del proceso en que el Gran Maestre del Temple, Jacques Molay es condenado a la hoguera, los Templarios hispanos se refugian en la Orden de Montesa, especialmente creada para acoger a los monjes que quieran continuar en la vida monacal, ya que el Temple, como tal fue completamente abolido, sus riquezas expropiadas y sus miembros encarcelados o quemados en Francia y los que tuvieron más suerte acogidos en otras ordenes militares. En las tierras hispanas fueron más benevolentes con sus miembros, los procesos no se endurecieron tan cruelmente y los Templarios pudieron encontrar acogida en diversas Ordenes de origen hispano nacidas bajo los auspicios de los Señores feudales que temían a la fuerza y al carisma que poseían las grandes Ordenes extranjeras: Temple, Hospital y Santo Sepulcro.
Como he dicho pues al principio, resulta difícil de explicar con lógica mentalidad actual la desaparición y el desmantelamiento total de la poderosa orden del Temple, pero la carencia de fuentes fidedignas y contrastables, a veces nos gasta estas bromas históricas. De cualquier modo, son precisamente estos enigmas los que mueven constantemente nuestra curiosidad por saber más y nos empujan a leer e investigar y hacen de la Historia la más apasionada aventura con la que cada día se encuentra el ser humano.
Dolores Orihuel García & Llorenç Bertomeu Banyuls