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Benissa.
Desfile Moros y Cristianos 01 Julio 2001. Moros i Crsitians |
TEMPLARIS
El contexto histórico general. donde se desarrolla la historia de los
Templarios sitúa en la cruzada que predicó el Papa Urbano II para la
reconquista de los Santos Lugares en el año 1095, en la que exhorta a los
caballeros cristianos a luchar contra los infieles garantizándoles a
cambio la total remisión de sus culpas para todo el que acuda y defienda
la Fe de Cristo. Jerusalén es conquistado y los musulmanes son derrotados
pero se hace difícil mantener posiciones y sobre todo las rutas seguidas
por los peregrinos para visitar los Santos Lugares son inseguras y
entrañan graves peligros. Es entonces, en plena Edad Media, cuando Europa
Occidental despierta y se empeña en avanzar hacia el Este, con el fin de
extender su fe, conquistar nuevas tierras y enriquecer a los señores que
dirigen estas campañas contra los sarracenos.
Es pues en este contexto donde nace y se desarrolla el Temple, cuando
Balduino II reina en Jerusalén: un reino cristiano en el corazón de
Palestina.
Abordar la historia de los Templarios no resulta fácil ya que las
fuentes son en algunos casos confusas y en otros contradictorias. La
verdad es que hablar de la Orden del Temple supone enfrentarse a un halo
de misterio y esoterismo que rodea aproximadamente tos 200 años de
historia de estos monjes-guerreros que si bien su origen es francés, sus
gestas se desarrollan en Palestina y Oriente Medio dónde después de
enriquecerse desmesuradamente fueron derrotados, refugiándose en sus
posesiones europeas dando lugar a las más apasionadas envidias y a los
más desaforados ataques que culminaron con el proceso que acabo con la
Orden de un modo difícilmente explicable.
El origen de esta historia se remonta al año 1118, cuando el caballero
francés Hugo de Payns guiando a un grupo de nueve personas crea un primer
núcleo denominado Orden de los Pobres Caballeros de Cristo. Estos
monjes-soldados además de efectuar los clásicos votos de pobreza,
castidad y obediencia adoptan también el de defender a los peregrinos que
acuden a visitar el Santo Sepulcro. Inmediatamente obtienen ayudas
económicas y son alojados en el Templo de Salomón. A partir de este
momento se convierten en Caballeros Templarios.
La Orden crece rápidamente, normalmente los segundos hijos de familias
mas o menos poderosas deciden unirse al Temple ya que en casa tienen pocas
salidas si exceptuamos la vida sacerdotal o los lances guerreros por esto
optan por esta solución que les proporciona aventuras y la posibilidad de
defender su fe además de integrarse en una poderosa organización que se
enriquece rápidamente y cuyo poder económico es envidiado por monarcas y
señores feudales.
La mutua admiración que se profesaban con los musulmanes así como la
caballerosidad en su trato les acarreó posteriormente graves
consecuencias pues en el proceso a que se les sometió se les acusó de
haber tenido relaciones con sectas esotéricas musulmanas además de otras
muchas aberraciones que, si bien no fueron nunca probadas, si arrojaron
sobre ellos una "leyenda negra" probablemente fomentada por el
mismísimo monarca francés o sus allegados con et. fin de acabar con la
Orden y heredar las riquezas que se acumulaban en los castillos y
encomiendas templarias.
El sello que utiliza la Orden es también fuente de dura polémica:
representa a dos Templarios a la grupa de un solo caballo. Algunos opinan
que esto fue idea de San Bernardo, auténtico impulsor de la Orden y que
simboliza la pobreza o la dualidad que se funde en el caballero templario,
por un lado el monje y por otro el guerrero. Sin embargo, para la
tradición popular, esto tiene otra explicación mas sencilla: el
templario lo comparte todo con su compañero en la soledad del desierto
(es posible que hasta su propio cuerpo).
Los secretos de la Cábala, en los que se asegura que los templarios
están también iniciados añaden otra teoría a la significación de su
sello: el caballero no cabalga solo, le acompaña su espíritu o, tal vez
el diablo.
Todas estas explicaciones son completamente especulativas, careciendo
totalmente de rigor histórico probado, se da como explicación
tradicional a la primera de ellas, es decir la de pobreza pero es curioso
contrastar que las reglas de la Orden permitían al caballero tener hasta
tres caballos lo que contradice en cierto modo la explicación
tradicional.
Su extensión por Occidente la encontramos relacionada con una
política de donaciones que la Orden recibe de diversos señores feudales,
tanto franceses, británicos como distintos reinos hispánicos que hacen
de estos monjes-soldados, hábilmente dirigidos por las mentes más
privilegiadas de Europa, unos excelentes banqueros que trabajan ya con lo
que modernamente denominaríamos ‘cheques de viaje’, es decir, que
cualquier peregrino que decidiera viajar a Tierra Santa podría libremente
hacerlo sin dinero ya que depositaba su capital en cualquier banco del
Temple y aquí se le proporcionaba la documentación necesaria para
hospedarse y sobrevivir en los castillos y encomiendas templarias.
La donación más importante que recibió la Orden en los Reinos
Hispánicos le sobrevino de Alfonso I el Batallador, quien después de
reconquistar Zaragoza a los almorávides en 1118 siguió viviendo como un
apasionado y auténtico cruzado impulsado por liberar a todos los
cristianos oprimidos por el Islam dejando a su muerte como herederos de su
reino a tres Ordenes Militares. Entre estos tres herederos del Reino de
Aragón se encontraron pues los Caballeros Templarios hispanos en el año
1134.
Esta conflictiva herencia no llegó a cuajar pero sí que colocó a los
Templarios en una excelente situación económica ya que a cambio de
renunciar a ella recibieron numerosos privilegios así como el compromiso
de recibir la quinta parte de las futuras conquistas de los reyes catalano-aragoneses.
Al poco tiempo se habían convertido en auténticos competidores de la
autoridad real y habían Llegado a constituir, como en otras partes de
Europa, un "estado dentro del estado". Ni por un momento se
podía haber previsto esto por parte de los monarcas ya que en un
principio lo único que importaba era arrebatar territorios a los
musulmanes siendo un objetivo común para Templarios y Señores feudales.
Un siglo más tarde, a mediados del. S. XIII, contribuyeron eficazmente
en la conquista de los territorios Valencianos, ofreciéndoles a cambio
diversos privilegios en puntos de la actual provincia de Castellón
legando hasta Montesa sus posesiones y encomiendas.
No es de extrañar pues que la pervivencia de la Orden del Temple en
las monarquías Hispánicas coincida con los años de máximo empuje de la
reconquista, con los de mayor estabilidad política (poniendo entre paréntesis
la dudosa estabilidad que la Edad Media implica) y con el momento de mayor
florecimiento cultural.
Cuando en 1312 el Papa Clemente V extingue la Orden, después del
proceso en que el Gran Maestre del Temple, Jacques Molay es condenado a la
hoguera, los Templarios hispanos se refugian en la Orden de Montesa,
especialmente creada para acoger a los monjes que quieran continuar en la
vida monacal, ya que el Temple, como tal fue completamente abolido, sus
riquezas expropiadas y sus miembros encarcelados o quemados en Francia y
los que tuvieron más suerte acogidos en otras ordenes militares. En las
tierras hispanas fueron más benevolentes con sus miembros, los procesos
no se endurecieron tan cruelmente y los Templarios pudieron encontrar
acogida en diversas Ordenes de origen hispano nacidas bajo los auspicios
de los Señores feudales que temían a la fuerza y al carisma que poseían
las grandes Ordenes extranjeras: Temple, Hospital y Santo Sepulcro.
Como he dicho pues al principio, resulta difícil de explicar con
lógica mentalidad actual la desaparición y el desmantelamiento total de
la poderosa orden del Temple, pero la carencia de fuentes fidedignas y
contrastables, a veces nos gasta estas bromas históricas. De cualquier
modo, son precisamente estos enigmas los que mueven constantemente nuestra
curiosidad por saber más y nos empujan a leer e investigar y hacen de la
Historia la más apasionada aventura con la que cada día se encuentra el
ser humano.
Dolores Orihuel García & Llorenç Bertomeu Banyuls |
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