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Benissa.
Desfile Moros y Cristianos 01 Julio 2001. Moros i Crsitians |
CALIFAS
El Emirato cordobés venía sufriendo una serie de incursiones normandas
en el litoral peninsular, que junto a una rebelión interna por mozárabes
y muladíes creaban una situación de inestabilidad, que es resuelta por
el entonces emir omeya Abd al-Rahman III, que logró reducir a los
rebeldes, rechazó a las fatimíes de Túnez, mantuvo las fronteras con los
reinos cristianos del norte y tras el vacío del califato de Oriente, se
autoproclamó califa y príncipe de los creyentes. De esta manera obtuvo
unidad interna y autoridad para predicar la inminente «guerra santa»
contra tos cristianos, sin olvidar su anhelo expansionista sobre la
Península Ibérica y sobre el norte de África.
Córdoba se convirtió en la capital del Califato, rivalizando así con Bagdad
durante más de un siglo en poder, prestigio, arte y cultura.
El nuevo califa adoptó para su corte la etiqueta abassí, con pomposas
recepciones en palacio y fastuosos desfiles por la ciudad. El califa,
sentado sobre trono, sin corona, ostentaba el cetro de extremo curvo en la
mano que junto con el anillo eran los símbolos del poder califal. Tras la
proclamación del califa, la aristocracia le presentaba juramento de
fidelidad por orden jerárquico; mientras la plebe lo hacía en las
mezquitas ante un delegado del califa. Et califa era el máximo “jefe
espiritual» por lo tanto era el «Imán» y debía inspirar todas las
normas y leyes sobre los principios del Corán. Como rito se ofrecía el
malakí, con toda su rigidez, aunque, por norma general, el islamismo
peninsular no destacó por su espiritualidad. El califa actuaba como un
soberano autócrata, que podía disponer de la vida de sus súbditos,
ejercía como juez supremo en última instancia presidía las oraciones
del viernes en la Mezquita Mayor. Su nombre garantizaba la acuñación de
moneda y la Hacienda era regida a su gusto. El tesoro del Estado se
custodiaba en Palacio, independientemente del tesoro personal del Califa,
que según datos de La época fue muy elevado. También las mezquitas
podían atesorar dinero para fundaciones pías (Habices).
La administración califal se concentraba en Córdoba. El HACHIB o
primer ministro presidía las reuniones de tos VISIRES o ministros. Cada
DIVAN o ministerio tenía su secretario a Kátib. Para fortalecer el poder
se asignaron feudos a los WALlS ( gobernadores) de las coras o provincias,
y éstas se subdividían en distritos o TAHAS según criterios
geográficos o étnicos. La cora o provincia de Balansya (“actual
provincia valenciana”) era de segundo orden, ya que en el siglo X el
peso económico, demográfica y cultural de la ciudad de Valencia no
permitía una entidad administrativa de la misma manera que, sí
existían, unas coras de Jaén, Toledo y Almería. Según la crónica
anónima de Abd al-Rahman III, para el año 929 hay dos gobernadores, uno
en la ciudad de Valencia y otra en Játiva, ya que ninguna de las dos
ciudades reunía suficiente entidad para convertirse en circunscripción
administrativa de todo el territorio levantino. Es de constatar que
mientras las provincias más importantes estaban gobernadas por familiares
del califa, en Balansya el gobernador era miembro de una familia beréber
nofzí. Esta provocó que muchas familias bereberes de la zona valenciana,
se arabizaran adoptando falsas genealogías, en busca de mayor prestigio
social. En los últimos tiempos del Califato, dada la poca importancia
demográfica de Valencia, se crearon macro-cora que incluían lo de Tudmir,
Ondara, Valencia, Tortosa e incluso las Baleares.
Es de destacar que la población en los siglos X y XI se concentraba en
el valle del Ebro y en el del Guadalquivir, principalmente; pero era
CORDOBA el centro urbanístico más importante. Esta ciudad tenía unas
300 mezquitas, similar número de escuelas, universidades, zocos, mercados
especializados en libras, industrias de cordobanes y papel. Se calcula que
sobrepasaba los 250.000 habitantes, pues según un censo efectuado a
finales del siglo X daba tos siguientes datos:
• Casas de grandes dignatarios y personalidades: 60.300
• Casas habitadas par el resto del pueblo: 213.077
• Tiendas, almacenes, talleres, etc.: 80.455
Esta ciudad era un crisol de razas y culturas, pues fueron muchos los
intercambios de gentes y personajes ( sabios, médicos, literarios,
poetas. embajadores, etc.) que de Oriente vinieron y viceversa, cabe
advertir que la mujer en Córdoba estaba mejor considerada que en el resto
del mundo islámico, ya que habían mujeres poetas y más de ciento
sesenta de ellas se ganaban ta vida copiando manuscritos en las
bibliotecas califales.
Córdoba ocupaba una extensión de 24 kilómetros de Este a Oeste y 6
kilómetros de Norte a Sur. Teniendo en cuenta la posible exageración que
nos proporcionan estos datos y comparando con otras fuentes, se puede
decir que ninguna ciudad del mundo occidental superaba en estas cifras a
la Córdoba califal.
Sin embargo Valencia en esta época no destacaba en casi nada, y en lo
relativo a la organización judicial, administrativa, militar, económica
y demográfica persiste la tónica de ausencia de datos consistentes
referidas al «País Valenciano». Es de destacar que no queda ningún
rastro arquitectónico de las construcciones califales en la región
levantina, “aunque la fama alcanzada por el palacio de Abd Alloh al-Balonsí
en Russafa, haya inspirado excelentes páginas de la literatura andalusí”.
Pasando al aspecto militar del califato, se establecieron dos zonas
Fronterizas (marcas)
Frente a los estados cristianos del norte, a cuyo frente estaba un
general. La Marca Superior se centralizaba en Zaragoza y la inferior
tenía su centro en Medinaceli.
El ejército estaba formado principalmente por tres contingentes:
- Una milicia permanente de mercenarios («hasham») que percibía una
soldada, mandados por un «Sahib al-Hashom» y organizados en unidades de
tropa regulares ( «murtaziqa»). Se reclutaban mercenarios bereberes,
negros, esclavos, etc.
- Por las huestes reclutadas en caso de guerra entre los andalusíes
sujetos a la prestación militar. Estas milicias se organizaban por grupos
tribales («chund»), y mandados por el jefe de dicho grupo. Las
principales huestes fueron las formadas por los “chundíes”, sirios,
obligados al servicio de guerra por el disfrute en “iqtá” de una
parte de los impuestos que pagaban tos “dhimníes”, es decir por sus
beneficios o “feudos” militares, o parte de su regular soldada.
- Por los contingentes de voluntarios («mutaw’io») alistados para
las grandes empresas guerreras (La Guerra Santa). A estas fuerzas
militares se añadía la guardia personal del califa (“dai’ra”),
Formada por siervos personales (mamelucos y esclavones).
Se estimo que el ejército estaría formada por unas 30.000 peones y
unos 5 .000 jinetes aproximadamente. Según ciertas fuentes, disponían de
31.900 camellos, y unas 2.000 acémilas para transportar provisiones y
enseres de batalla. Pero en tiempos de Almanzor (991) se abolió el
sistema tradicional de reclutamiento del ejército por tribus, y encuadró
a los árabes en diversos regimientos, sin tener en cuenta su ascendencia
tribal. Así lograba un ejército más disciplinado y más coherente,
llegando a sobrepasar los 70.000 hombres. Las armas más usadas por el
ejército califal eran: arco, mazo, sable, hacha, pica. daga y lanza. La
escuadra del Estado Califal se mejoró y llegó a disponer de unos 300
navíos, gracias a los astilleros y atarazamas que se construyeron en el
sur del Andalus. La principal base naval fue la de la cora de Pechina
(Almería). En el Mediterráneo Norte se mejoró el puerto de Tortosa. En
nuestra zona, el puerto de Denia iba adquiriendo importancia tanto militar
como para la exportación de productos.
Es de destacar que durante este período y pese las repetidas guerras
civiles no surgió en Valencia un partido que ansiara la independencia. Se
mantuvo nuestra región con tres coras principales: La de Valencia, la de
Játiva y la de Tudmir (Orihuela). En el terreno militar, parece ser que
las guarniciones de la región tuvieron poca importancia y solamente
parece destacar la movilización de 235 caballos de la cora de Tudmir en
la expedición que llevó a cabo Almanzor en el 985 contra Barcelona.
El Califato de Córdoba fue gobernado por la dinastía Bann U mayya,
siendo su primer y más importante califa Abd al-Rahman III (912-961), le
siguieron 11 califas más hasta que en el 1031 se abolió el califato.
Como conclusión, si bien este período fue muy floreciente para las
ciudades andaluzas como Córdoba, Sevilla, Granada, Almería, etc., y las
del valle del Ebro, no podemos decir lo mismo de las ciudades valencianas,
que no adquirieron verdadero auge hasta la aparición de las TAIFAS, que
aportarán las condiciones organizativas favorables para desarrollar la
demografía con inmigrantes especializados, en el comercio, la artesanía,
la agricultura, la administración, etc.
Dolores Orihuel García & Llorenç Bertomeu Banyuls
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