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PIRATAS

Para empezar a conocer la historia de la piratería mediterránea, y más concretamente la que se desarrolló a lo largo de los siglos en las costas levantinas, tenemos que tener en cuenta que ya en la época de Jaume I el Conqueridor, al reconquistar el reino de Valencia, en el siglo XIII, hizo que se tomaran las oportunas medidas para defender las costas de los ataques piráticos, lo que nos indica que ya existía una verdadera preocupación por el tema pues mandó construir las primeras torres vigías en las que los “guaiters” efectuaban las labores de vigilancia a lo largo de toda la zona costera. Más tarde, esta labor de vigilancia ya se había profesionalizado y se mantenía al “guaiter” a través de un canon que cada villa pagaba para ello. También tenemos que tener en cuenta para entender el fenómeno pirata, que en el mediterráneo conviven dos tipos de piratería atendiendo a las creencias religiosas bajo las cuales justifican sus ataques al enemigo.
- Por un lado la piratería berberisca, de influencia musulmana que tantos estragos causó en las incursiones realizadas sobre nuestras costas. Y que vivió su máximo esplendor durante el siglo XVI, con los hermanos Barbarroja, súbditos del sultán otomano.
- Por otro, los piratas armados por Los respectivos señores cristianos, en beneficio de su propio reino, sin descartar beneficios personales y con el fin de contrarrestar la piratería berberisca.
Las motivaciones concretas que lanzaban a los piratas a los mares, eran fundamentalmente económicas, ya que la esclavitud era uno de los principales negocios de la época en todos los Estados de la cuenca mediterránea, tanto cristianos como musulmanes. Valencia y Mallorca llegaron a ser los dos reinos con más esclavos de la corona de Aragón.
En las incursiones piráticas, se apresaban a las gentes del campo, artesanos, marineros y pastores, de los que se pretendía sacar un rendimiento en beneficio de los señores cristianos, ya que había una fuerte carestía de mano de obra en estos reinos de reciente conquista.
Otra de las causas económicas que movía a la piratería era el conseguir la captura de barcos con cargamentos de víveres (aceite, trigo, vino, etc.), armas (cañones, arcabuces, municiones, etc.), navíos, tan necesarios para esos menesteres, mercancías orientales (sedas, joyas, incienso), etc.
En el siglo XV se inicia la piratería castellana y portuguesa. Estos piratas, provenían pues de reinos cristianos y tenían sus respectivas bases Cartagena y Ceuta. La situación estratégica de La base pirática de Cartagena, permitía controlar los barcos que entraban desde el estrecho, los de origen magrebí y los que cubrían el comercio interaragonés, mientras que el campo de acción de los portugueses era mucho más amplio ya que controlaban también las costas atlánticas desde su base de Ceuta.
Para completar el amplio espectro de la piratería del momento, debemos señalar que además de los mencionados anteriormente, compartían el mediterráneo corsarios genoveses, piratas navarros, provenzales, e incluso catalanes, sardos, mallorquines y valencianos. Los barcos que empleaban eran “baleners armats”, “grans naus de viscahins”, algunos navíos ligeros y naves de gran tonelaje mandadas por marineros vascos. Se atacaba indiscriminadamente, ya fuera en alta mar, a la salida del puerto e incluso en el mismo puerto y una vez conseguido el botín, lo subastaban y concedían al mejor postor.
La piratería valenciana centrada en la costa alicantina de Denia y Villajoyosa, cobra un gran esplendor a partir de 1429. Su principal objetivo es el mismo Reino de Valencia, a diferencia de la piratería armada con patente de corso, que actuaba con licencia real para combatir a piratas extranjeros, pero llegado el momento y una vez los barcos en alta mar no se distinguía muy bien quienes eran amigos y quienes enemigos. A finales del siglo XV, los piratas valencianos disminuyen considerablemente, debido al constante acoso de las autoridades locales reduciéndose sus mermadas bases a Cullera y Denia.
Es importante señalar la gran diversidad de formas de piratería lo que hace que el problema pirático sea verdaderamente complejo veces difícil de sintetizar que en algunos casos nos encontramos con mercenarios “moros” bajo el mando cristiano y a la inversa, como en el caso de Berthomeu Perpinyà que trabajó para del reino de Granada, y causó gravísimos problemas al comercio valenciano de finales de siglo XV.
Otro tipo de piratería legalizado sería el de patente de corso que gozaba de concesión real y cuyos beneficios revertían directamente sobre el reino, además existía la piratería local y la incontrolada con lo que el amplio espectro que se nos ofrece se complica y confunde enormemente.
Para combatir este fenómeno, que tantos estragos causaba a la economía valenciana de la época, en el siglo XVI se refuerzan las medidas para contrarrestar al peligro pirata, restaurándose y construyéndose atalayas y torres vigías por todo el litoral. Para avisar del peligro se utilizaban fogatas reforzando esta señal con mensajes que se transmitían oralmente a través del “atallador” para mayor seguridad y eficacia del aviso.
Así de torre en torre hasta llegar a Valencia, ciudad que por ésta época era la más importante y la que en estos momentos interesaba proteger pues los botines que de ella se conseguía eran codiciados por cualquiera que se dedicara a la piratería fuera quien fuese su señor. La piratería era pues en esos momentos una fuente sólida de riqueza, al alcance de cualquiera que pudiera armar una nave y en nombre de Dios o en nombre de Alá se aventurara por los caminos del mar para mejorar su suerte, la de su señor o incluso, como ya se ha dicho, la de su rey.
Dolores Orihuel García & Llorenç Bertomeu Banyuls