Bernat Capó 1999
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Artículo sobre la Fiesta de Bernat Capó

Las dos culturas convivieron como hermanos respetándose mutuamente y respetando las creencias de cada uno, y fue a partir del hecho social de las Germanías, cuando comenzaron a bautizar, quieras o no, a todos los fieles de la religión mahometana que, hasta ahora, habían estado autorizados a practicarla con completa libertad, es decir lo mismo que habían hecho ellos, cuando dominaban la Península, con los cristianos llamados mozárabes. Se termina la Paz y con esto aumenta el odio y no por parte de los sufridos representantes de la cultura árabe, sino por el impulso egoísta de de aquellos que luchaban contra los señores por las privaciones que habían de soportar y  querían imponerlas a otros desafortunados. Las incongruentes guerras de religión continúan vivas en tantos y tantos lugares en lo ancho del mundo y padecen la incapacidad humana por convivir solidariamente y con tolerancia. Este estado de cosas duró escasamente un siglo, es decir hasta la expulsión de los conocidos con el nombre de moriscos, desde aquello del bautizo no deseado. Y fue por aquellos tiempos cuando comenzaron a proliferar los festejos conmemorativos  de la pírrica victoria..
Las dos características de la fiesta de Moros y Cristianos podríamos concretarlas en la lucha armada y en la fiebre religiosa, es decir la conquista del castillo, la rendición del rey moro y la obediencia a la creencia extranjera. Esa sería la tradición, la conmemoración de un hecho trascendental de nuestra historia, pero, ahora, dentro de un orden general, cada pueblo tiene su particular interpretación de la fiesta y así podemos ver "Filades" que nada tienen que ver con aquella época, como pueden ser las protagonizadas por mujeres que, dicho sea en honor a la verdad, le dan color y alegría al espectáculo. Y de aquellas, otras que sólo por su nombre se descalifican, ya que parece que se trata de comparsas que pertenecen a otra tradición, a otro hecho histórico, como podría ser la guerra, del siglo pasado, contra los franceses, pero, como también hacen fiesta, bienvenidos sean aunque no se correspondan con aquello que, según los estudioso de la fiesta valenciana, fue el autentico origen desconocido, en la actualidad, por buena parte de los integrantes en los festejos a los que hemos querido poner es su conocimiento el posible fundamento de los actos guerreros nacidos en tiempos de paz, pero que mantienen en el recuerdo el triunfo del Bando Cristiano.
El paso del tiempo, el desconocimiento de la historia y el poco o nulo interés en profundizar en la materia han hecho que, por encima de cualquier otra consideración, y en algunos lugares determinados, se haya pensado demasiado en el espectáculo, pensando, precisamente, en la atracción turística. La espectacular "estufera" de las capitanías, la fastuosa vestimenta utilizada en los Desfiles, la proliferación de bandas de música y toda la parafernalia montada para deslumbrar, no son otra cosa que un afán de superación encaminado a ponerlo en el candelero de la curiosidad pública, es decir a interesar al turista, casi siempre extranjero que se queda boquiabierto frente a los desfiles multicolores. Esto no quiere decir que la Fiesta haya perdido interés local. Ya se sabe que medio pueblo interviene de alguna forma en su preparación y por la otra mitad de la población, a la que le puede resultar monótona y repetidora la actuación de algunas comparsas, la originalidad de los Festeros ha hecho posible la realización de un nuevo espectáculo añadido como es el caso de la muestra humorística que recibe el beneplácito de todos en general.
Los puristas de la Fiesta (todavía quedan) no ven con buenos ojos las innovaciones y hubiesen querido que todo se mantuviera dentro de unos cánones restrictivos, pero la avalancha no se puede parar (y mal si así fuese) y aquello de renovarse o morir también cuenta a la hora de impulsar el desarrollo de los Festejos, porque, ahora, ya no se trata de mantener firme la tradición nacida en un tiempo de absoluto dominio cristiano y de ignorancia casi absoluta de sus raíces, sino de ofrecer un espectáculo de música y color, sin que nadie le de importancia a los anacronismos incrustados en los diversos actos festivos, unas incongruencias de las que no se han podido sustraer ni los mismos alcoianos, espejo en el suelen mirarse la mayor parte de las villas, ciudades y poblaciones valencianas. El pueblo plano, el espectador ocasional y hasta los propios Festeros no prestan ni poca ni mucha atención al asunto. La Fiesta es la Fiesta, cada día mas arraigada en el costumbrario popular, y le resultaría difícil, por no decir imposible, sacar cualquier acto del programa habitual.
Y después de estos pensamientos me gustaría formular un ruego, con todo el respeto que la Junta de Moros y Cristianos de mi pueblo, y la Fiesta, en general, me merece, consiste en permitir que, al menos cada cinco años, ganaran el castillo los moros. La fórmula la desconozco, los inconvenientes los ignoro, las repercusiones no me afectan, los pregones (nuestro pueblo es uno de los pocos que hacen el Parlamento en valenciano) no serían problema y si hubiese buena voluntad se podría llevar adelante el tema, porque, en este caso concreto, no habría ningún tipo de falacia, pues Benissa, como su nombre lo proclama, nació mora, árabes son buena parte de sus costumbre, los topónimos de su término municipal, el aspecto físico de algunos de nosotros y, no hemos de olvidar que aquí, a las faldas de la Solana y de Bérnia, nació el primer hijo ilustre del pueblo y, para más inri, llevaba su nombre: Muhammad Ben-Isa Ibn Al- Labbana y que fue un poeta muy estimado por el Rey de la taifa de Dénia y por tantos otros a lo largo de su vida viajera, como lo fueron los de Córdoba, Sevilla y, finalmente Mallorca, es decir cerca de su casa donde ya no pudo volver. El nombre con el que era conocido y con el que pasó a la historia fue el de Ibn Al-Labbana, el hijo de la lechera ya que su madre, posiblemente viuda de guerra, tenía algunas cabras y se dedicaba a la venta de leche para toda la comarca hasta que el hijo fue adoptado, culturalmente, por el reyezuelo de Denia, un auténtico amador de la música y la poesía.
No es un chiste, ni ganas de hablar, es sencillamente una opinión que con toda seguridad no ha de encontrar adeptos por atrevida, inoportuna y, posiblemente descabellada, pero podría afirmar, sin temor a equivocarme, que si los dos grandes y primeros capitanes (el Rey Jaume I y Al-Azraq), según la sugerencia "monblanquista" que con sus rivalidades dieron pie el nacimiento de una Fiesta de la que los "Benissencs" celebramos, en este año que remata el siglo, sus bodas de plata, no verían mal este tipo de pacto que, al parecer de el autor, sería bien justo y, sin duda, radicalmente original.
Bernat Capó - Tardor ‘99
Al considerar este escrito interesante y esclarecedor de la realidad festera nos hemos permitido la libertad de intentar traducirlo. Haciendo click en el dibujo de la derecha os llevará al texto original. 

Moros y Cristianos Benissa