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PARLAMENTO ENTRE EL BANDO MORO Y CRISTIANO
DIA DEL MILAGRO
NIÑOS. ¡Fuego en Ifach! ¡Fuego en
Ifach! ¡Moros en la costa! ¡Fuego en Ifach! ¡Moros en la costa!.
E. CRISTIANO. ¡Calpinos! ¡Retirémonos a
las murallas! ¡Tenemos que preparamos para la lucha! ¡Todos a las armas!
¡Todos a las armas!
Ya se ha dado la alarma al poblado. ¡Dios
mío! ¡Cuántas veces tendremos que luchar por nuestra tierra, tan
expuesta a las incursiones de los piratas sarracenos! Pero ¡vale la pena!
Nuestro pueblo reúne las más grandes bellezas. Los ojos se quedan
extasiados cada mañana al abrirse, como si fuera la primera vez que
contemplan la hermosa vista que les rodea. ¿Y las riquezas que guarda?
Los campos repletos de vides, de higueras, de almendras, de olivos; y el
mar, lleno de ,al y sabrosos pescados. ¡En verdad que no hay tierra como
la nuestra! ¡Nunca te daremos bastantes gracias, Señor, por las
maravillas que nos has donado! Por eso nos tendrás siempre dispuestos a
luchar para impedir que los sarracenos profanen tu Templo y se lleven lo
que hemos conseguido con tu ayuda y el sudor de nuestra frente. ¡Ayuda te
pido e invoco tu misericordia, Oh Santísimo Cristo del Sudor, para mi
espada y con ella para todos los calpinos!
VOCES DE CRISTIANOS. ¡Moncófar!¡Moncófar!¡Moncófar!
E. CRISTIANO. ¡Moncófar! ¿Adonde vas?
¿Es que no has visto el fuego que arde en lfach? ¿No has oído el grito
con el que los niños nos convocan a la lucha? ¡Fuego en Ifach, Moros en
la costa! ¿Es que tu corazón tiene gran deseo de comenzar la lucha que
quieres salir tú solo al, encuentro de los moros? Vuelve y no seas loco.
¿No ves que son en gran número los moros que están desembarcando en la
Playa del Bol? ¡Nunca se vieron tantos piratas desembarcar en nuestras
playas! ¡Tú sólo no puedes hacer nada!
MONCOFAR. ¡No me llaméis, que ya lo he
visto! Pero es que los que desembarcan no me dan miedo, porque son mis
amigos. Yo también soy mahometano y no cristiano y lucharé con ellos por
Alá y por mi Rey.
E. CRISTIANO.¡ Vuelve, Moncófar! ¡Vuelve
y no digas barbaridades!
MONCOFAR (Exaltado). Pero ¿que os creéis
calpinos? ¿Pensabais que yo podía olvidar cómo matasteis a mi padre en
las luchas de Oltá? Por muchos años que pasen ¿cómo va a borrarse de
la memoria de un hijo la visión de sus manos inocentes manchadas con la
sangre que vosotros le hicisteis al padre? ¿Cómo no acordarse de la cara
de infinita angustia de mi pobre madre, de la «velleta de Toix» como
vosotros la llamabais? ¿qué agonía sufrió cuando le trajeron
arrastrando el cuerpo muerto de mi padre? Un hijo no puede olvidar esto
por más que viva. ¡Nunca! ¡Nunca!
E. CRISTIANO. Pero tu padre era
mahometano, había crecido adorando a Alá y quería que nuestra tierra
volviera a estar sometida al Islam Este deseo lo convertía en fanático y
no comprendió que jamás abandonaremos en nuestro país la religión
cristiana. Quizá fueran también unos fanáticos los que lo mataron,
impulsados por el miedo. Pero ... ¡Tú! ¡Tú no! Tú eres cristiano,
nacido y criado en Calpe, bautizado bajo la lámpara de nuestra Madre, la
Virgen de las Nieves y del Santísimo Cristo del Sudor. Desde niño,
siempre ha vigilado tus pasos la sombra protectora de nuestro Peñón
incomparable. Tú has crecido entre nosotros, todavía me acuerdo de cómo
correteabas por las calles del pueblo. Tu te has sentado en nuestra mesa,
has comido el trigo de nuestros campos y el pescado de nuestro mar. ¿Cómo
puedes ahora unirte a esos malhechores que vienen a matarnos, a robamos, a
esclavizarnos... (exaltándose). ¡Eso es una traición infame, una acción
inmunda! ¿Cómo puedes hacerlo, cuando yo te he visto tantas veces de
rodillas ante el Cristo del Sudor, rezando?
MONCOFAR. ¡No rezaba, no! ¡Pensaba en mi
padre! ¡me reventaba en el corazón el deseo de vengarlo! ¡El día
dichoso en que os vería a los calpinos esclavizados, llenos de cadenas!
¡0 acuchillados, muertos, como vosotros lo matasteis!
E. CRISTIANO.¡ Estás loco! ¡No
sabes lo que dices! ¡Piensa que con esas palabras estás ofendiendo a los
calpinos, a tu patria!
MONCOFAR Mi pobre Patria sangra, sangra
sometida a un falso Dios y los calpinos son sus idólatras seguidores que
nos tiranizan. ¡Pero vuestro Dios no es Dios! ¡Es un falso profeta! ¡El
único Dios verdadero es Alá!
E. CRISTIANO. ¡Calla! ¡Villano! ¡Desventurado!
¡No blasfemes, como un sarraceno ismailita! No vaya a caer sobre ti y los
tuyos la fuerza invisible de nuestro Santísimo Cristo del Sudor.
MONCOFAR. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!. Me causa risa
que invoques con tanta vehemencia a ese falso Cristo del Sudor. No ha de
pasar mucho tiempo sin que sepamos quién tiene la fuerza, si los
valientes guerreros mahometanos que están desembarcando en la Playa del
Bol, ayudados por Alá y el acero de sus afiladas cimitarras... o
vosotros, calpinos, paladines de ese Cristo al que a todas horas rezáis
como gallinas en un corral. Me da pena ver lo fanfarrones que sois y lo
poco que valéis. Además ¿sabéis que esos moros estarán guiados por mí?
Por mí que conozco cada rincón de este pueblo y de esta tierra como la
palma de la mano. Los traeré hasta aquí por camino seguro y ya veremos
entonces a quién invocáis. Ya no os servirán los rezos, serán las
armas las que digan la última palabra.
E. CRISTIANO. Abatidos nos has dejado a
todos los calpinos por esas palabras tan duras y malignas que acabas de
pronunciar. Pero dentro de esta humillación está creciendo una fuerza
enorme en nuestras almas que nos ayudará a defender el pueblo del que tú
acabas de renegar. ¡Pobre Moncófar! Cuando acabe esta batalla presiento
que tú estarás muerto. Pero si los sarracenos obtuvieran la victoria y tú
vivieras, no sería mejor tú destino. Guerreros son valerosos y nobles
que jamás perdonarán la traición, la felonía que has cometido con los
tuyos. Y donde quiera que vayas serás siempre el villano infame que vendió
a los suyos, que renegó de la tierra que le vio nacer. En cambio,
nosotros lucharemos hasta la última gota de nuestra sangre defendiendo
nuestra hermosa villa y aunque perezcamos por el gran número de enemigos
y la perfidia de tu traición, dejaremos siempre memoria de nuestro
coraje, de nuestra bravura y lealtad. ¡A las armas calpinos! ¡A las
armas, que es el único lenguaje que entienden esos sarracenos
mahometanos!
MONCOFAR. ¡Al fin hablas el lenguaje de
los guerreros! ¡A las armas! ¡No parlotees más como los falsos
profetas! ¡Veremos si sabes luchar como los bravos mahometanos! (Se
aleja).
E. CRISTIANO. ¡Adiós, traidor! ¡Vuelve
pronto y verás cómo las gastan los calpinos! (Se dirige a los calpinos).
¡Paisanos, amigos! Empuñemos nuestras armas destructoras y, como bravos
guerreros, como buenos calpinos, defendamos nuestra tierra con nuestros
cuerpos, con nuestra sangre. ¡No tembléis! ¡No lloréis! ¡Que no
desfallezca nuestro ánimo! El Cristo del Sudor nos protegerá. Mañana
será el día de las lamentaciones y lloraremos con las nuevas viudas,'con
los nuevos huérfanos que habrán nacido de la lucha con nuestros feroces
invasores. Pero hoy, ahora, es el momento del valor y de la fe en la
victoria. Gritad conmigo ¡Viva Calpe!
TODOS., ¡Viva!
MONCOFAR. (Solo) ¿Qué es lo que corre
por mi cara? ¿Son lágrimas? ¡No es posible! ¿Por qué, aunque llore
por fuera, tengo dentro de mí ese fuego que me empuja a hacer lo que
estoy haciendo? No me flaquea el ánimo ya que mi voluntad está decidida
desde hace mucho tiempo. Tengo muy claro lo que he de hacer. Entonces ¿qué
es? Miro alrededor y las lágrimas me afluyen con más fuerza... Toix de
mi corazón, donde tantas cosas nos ocurrieron a mi madre y a mí, Oltá
montaña negra, cubierta de bosques, donde asesinaron a mi querido padre,
Mascarat, Casanova... y tú, maravilloso Ifach, fortaleza natural, sombra
y cobijo de los calpinos, guía amistosa del pescador que tanto te debe
......por eso, por eso es por lo que lloro. dentro de mí tengo la
premonición de que os miro por última vez. Mas ¡que digo! Aunque los
demonios me arranquen de estos parajes tan regalados, aunque me lancen a
los vientos o me calcinen en azufre, aunque me arrojen a las profundas
simas de fuego líquido... ¡por nada! ¡por nada! dejaré de cumplir yo
el juramento que hice, siendo todavía un niño, ante el cadáver de mi
padre. ¡Oh, Alá, dios del universo! ¡Dame la suficiente fuerza para
vengar a mi pobre padre y después dispón de mí corno quieras. (Aparecen
unos guerreros árabes que sujetan a Moncófar y lo arrastran, sin que éste
se resista demasiado. Parece más bien que intenta aplacarles. Lo conducen
hacia la entrada donde se encuentra el Embajador Moro. El que parece el
Jefe se inclina ante el embajador).
GUERRERO ÁRABE. Que la zalema de Alá esté
contigo, poderoso señor. Hemos capturado por el campo a un cristiano.
Quizás desees interrogarlo antes de ordenar el asalto al poblado.
MONCOFAR. ¡Que Alá os proteja, valerosos
guerreros!
E. MORO.; ¡Calla, perro infiel! ¡No
oses pronunciar el nombre del Altísimo con tu lengua impla! Responde, ¿cómo
es que estabas en despoblado cuando yo mismo he oído hace tiempo los
gritos de alarma cristianos?
MONCOFAR. Es que quiero parlamentar con el
Embajador Moro. Pero, ante todo, quiero descaros que hayáis tenido una
feliz travesía y que el Mediterráneo bondadoso os hay tratado tan bien
como se merecen vuestros bravos guerreros y la nobleza de las intenciones
que hasta aquí os han traído.
E. MORO. Yo soy el embajador por el que
preguntas. Pero... ¿A que vienen tantos halagos, tantas palabras, tantas
alabanzas? ¿Es que te han enviado los cristianos porque están temblando
de miedo? No son esas las referencias que tengo de los calpinos, del
coraje con el que se emplean en la batalla y del valor con que luchan
hasta que les queda una gota de sangre. Por eso me extrañan tus palabras
de bienvenida y tu complacencia para mí y para mis guerreros.
MONCOFAR. Yo no soy cristiano, sino
mahometano, amigo de todos vosotros, y vengo a guiaros para entrar en el
poblado.
E. MORO. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! No me
hagas reír, bufón de palabra fácil, pero de intenciones traicioneras.
¿Piensas que voy a creerme una idea tan descabellada? Repara que si
nosotros fuéramos a hacer caso del primer llegado que nos contara un
cuento, nuestro Capitán no tendría el mando de ochocientos guerreros y
cinco maravillosas embarcaciones para cruzar el mar. No cabe duda de que
habrías podido servir para bufón en la corte de tu Rey, que te llenaría
de dones. (Con impaciencia). Pero pienso que estos cristianos son muy
listos, te mandan a ti delante y así ganan tiempo y se preparan mejor
para la defensa.
MONCOFAR. No tomes a mofa mis palabras. Lo
que estoy diciéndote es verdad.
E. MORO. ¡Estás acabando con mi
paciencia! ¡Di pronto lo que quieras y acabemos!
MONCOFAR. Soy Alí-ben-Cofá. En Calpe,
los cristianos me llamaron Moncófar. Yo nací aquí, de padres
mahometanos. Vivía en Toix, esa peña que se adentra en el mar. Siendo yo
un chiquillo, contemplé como mi padre moría a manos de los calpinos en
una lucha encarnizada. Desde entonces, y a pesar de haber convivido con
ellos y de simular que abrazaba su religión para que no me mataran también,
siempre he tenido en la imaginación la idea de vengarme y ésta es la
mejor ocasión y para vosotros también. Pensad que yo conozco
perfectamente el terreno y vosotros no. Un guía como yo no lo encontraréis
todos los días.
E. MORO. Hay que ver lo bien
estudiado que lo tienes. ¡No te falta imaginación, no! Pero estás
perdiendo el tiempo, embajador hipócrita. ¿Es esto lo que os enseñan en
las Iglesias en lugar de luchar? Yo pensaba que iba a tener la batalla más
grande de mi vida y resulta que sólo me encuentro entre bufones
parlanchines y servidores de ese Cristo, salvador de cobardes y muñecos.
MONCOFAR. ¡No continúes hablando! ¡Si
supieras las veces que he renegado de ese Cristo y he adorado a Alá
Dios...
E. MORO.¡Calla infiel! ¡Ya te he
dicho que no blasfemes más el nombre de DIOS y SEÑOR en esa boca de
Cristiano!
MONCOFAR. Entonces ¿cómo quieres que te
diga que soy amigo tuyo, que profeso la misma religión y que quiero
vengarme de esos cristianos a los que querría ver muertos o amarrados con
grilletes?
UN GUERRERO. Gran Señor, ¿puedo hablar?
E. MORO. ¡Di lo que tengas que decir!
UN GUERRERO. Yo soy morisco oriundo
de Calpe y participé en una gran lucha que tuvo lugar en Oltá. Recuerdo
que a mi lado cayó muerto un hombre llamado Al-Cofá, que estaba casado y
tenía un hijo de corta edad. Fue hace mucho tiempo. Yo pude huir a Berbería
y enrolarme en tus huestes. Lo que este hombre dice puede ser verdad.
E. MORO. No sé que pensar, no estoy muy
convencido, pero si lo que acabas de decirnos es cierto, reniega de
Jesucristo una vez más.
MONCOFAR. Reniego de él y de los calpinos.
E. MORO. Todavía me queda una duda. Invoca a nuestro Dios.
MONCOFAR. ¡Viva Alá! ¡Vivan los mahometanos!
E. MORO. ¡Vivan! ¡Guerreros! ¡Sigamos a Moncófar y arrasemos el poblado! ¡Destruyamos todo lo que se ponga por delante de nosotros!
TODOS.- ¡Al ataque! ¡Al ataque!
(Los cristianos salen y luchan al tiempo
que retroceden hasta meterse en el interior del castillo. Es entonces
cuando cae muerto Moncófar).
El texto original se lo atribuye a D.
Enrique Pastor Ivorra que junto con dos o tres persona mas (Pepe Sau,
Domingo y Jaime Crespo, etc...) realizaron la base principal del
parlamento. Posteriormente hubo una ampliación realizada por D. Juan
Fernandez de Ybarra Moreno, que es tal y como esta en la actualidad
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