La Música
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Desembarco Gabriel Miro

Música y Fiesta son inseparables. Si falla la primera la Fiesta se resiente. No sería lo que es. Cierto que sin el factor humano, "el festero", no hay Fiesta, pero la música es el motor que la mueve. Si el motor es inadecuado o no funciona el movimiento festero entra en la atonía y se para. La música, se ha dicho muchas veces, es el 50% de la Fiesta, con una pequeña diferencia: unos satisfacen y otros perciben estipendio. Debe estar por tanto en los primeros el poder dirigir y organizar.
Hubo una época, en los primeros tiempos, en que la arcabucería era el casi exclusivo "aroma musical" de la Fiesta, acompañada de atabales y dulzainas.
Pero la incorporación, a principios del siglo XIX, de las bandas de música a la Fiesta, cuando se produjo el florecimiento y expansión bandístico (todos los pueblos han llegado a tener una banda) le ha dado un vuelco total, especialmente a los desfiles.
Los ritmos al principio eran militares (y aún conservan sus nombres: pasodoble dianero, marcha, etc...) pero la Fiesta de Moros y Cristianos es una manifestación de la cultura popular y nada tiene de extraño que haya llegado a tener su propia música, porque en la música el pueblo expresa mejor sus sentimientos y emociones.
Una manifestación festiva popular, sea de la clase que fuere, que tome prestada su música (sus ritmos) de otras formas festivas, que no forje y desarrolle su propia música, están dando síntomas de carecer de personalidad.
La Fiesta que empezó tomando "su música" de los desfiles militares (ése fue el origen de la música) ha acabado por tener "su música" que en un siglo (su centenario se celebró en 1.982) ha dado más de 200 compositores y unas 3.000 obras, y va a más.
Pero desgraciadamente muchas veces se da la impresión de una pobreza musical que no está de acuerdo con ese rico acervo, y con la brillante floración de bandas en nuestra área, que llega a dos centenares.
Da lástima ver esos desfiles donde ni actúan bandas, sino sólo charangas; ni se ofrece al público en verdadero concierto, como se puede y debe hacer, y sí sólo la machacona reiteración de dos o tres piezas.
¿Por qué falla esa sensibilidad?
Quizás sea la escuadra (fila) o su cabo, quien imponga su pieza, porque le guste, y como no oyen otra en el trayecto, les importa poco que otras la repitan, y de que el público se harte de oír la misma pieza.
0 bien por comodidad de las bandas que al no exigírseles nada (quien contrata debe y puede exigir) con ensayar un par de piezas pasan todo el verano y escogen las más facilonas.
0 bien es la desidia de las comparsas que haciendo gala de ignorancia musical no se preocupan de cuidar un repertorio variado (y lo deben hacer) al ni siquiera preguntar a la banda qué va a interpretar en la Fiesta.
Pero quizás el problema estribe en una falta de coordinación que debe estar por encima de cabos, escuadras y comparsas. Si lo que falla es la organización central festera que es el responsable definitivo, y no se preocupa de esas cuestiones eso sí que es imperdonable.
¿Cuándo se darán cuenta los organizadores de la Fiesta de que una entrada puede y debe ser un concierto, y de que eso afecta a dos extremos: a las piezas que se van a interpretar y a las bandas que han de actuar?
En cuanto a las obras porque de la misma forma que la vista se cansa de ver el mismo color, el oído se embota de oír la misma pieza una y otra vez por muy popular que sea.
En cuanto a las bandas, es cierto que son caras, pero si se parte y rompen, se pierde todo. Si lo que acompaña en el desfile al "elegante festero" en su traje fantasioso y caro", es una charanga "fusilando" una pieza inadecuada, se puede decir que ha tirado el dinero que le ha costado. Es como vestir un traje nuevo y calzar unas alpargatas "rotas". El conjunto no luce, no va. Se pierde todo.
Y es menos tolerable aún que las charangas o bandas vayan apayasadas en su vestimenta y ademanes, contorneándose cara al público y pirueteando, etc... ¡Vaya hombre, como si estuvieran en un carnaval y encima cobran. No le veo la lógica. No va. Atentan a la dignidad de la Fiesta, de la música, y de la propia banda.
La Fiesta, su música y las bandas merecen un elemental respeto, y el público festero (el espectador) también.

JOSÉ LUIS MASANET RIBES