Trabuco
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Trabuco. Moros y Cristianos. http://www.morosicristians.com
Trabuco: Arma de fuego más corta y de mayor calibre que la escopeta ordinaria y de cañón ensanchado en la boca
Propietario: Capitán Cristiano 1997 Calpe.
Desde la última mitad del siglo que acaba de terminar, el trabuco se ha implantado en las fiestas de Moros y Cristianos, a pesar de que no fue utilizado por las milicias urbanas. El ejército no lo catalogó como arma reglamentaria, y sólo la Marina empleó para los abordajes unos grandes trabucos colocados en una horquilla giratoria, sobre las tapas de regala de los buques.
La efectividad de un tiro de trabuco no iba más de los 15 metros, pero su facilidad de poder disparar casi cualquier cosa lo hizo apropiado para bandoleros, asalta caminos y viajeros de diligencias, sobre todo porque se tiraba al bulto ya que no disponía de elementos de puntería. Fue un arma de fuego de carácter civil y popular, que no era útil para la caza y vivió su historia envuelta en las románticas y siniestras leyendas del bandolerismo, más por el ruido que por las nueces, y en parte contribuyó al éxito de las guerrillas, emboscadas y contrabandistas. En términos peyorativos se la relacionaba con robos y crímenes, tanto es así que "ejercer la política del trabuco" consistía en subir la contribución y demás impuestos exageradamente, tanto es así que al Ministerio de Hacienda se le llamaba el "Ministerio del Trabuco".
La existencia del trabuco se remonta al empleo del sistema de chispa en las armas de fuego, que después mejoró con el pistón y subsistió hasta mediados del siglo XIX. Dada la forma acampanada de la boca de su cañón, en Francia se le llamaba "tromblón" y en nuestro país a los de mayor tamaño se les llamaba naranjeros, por ser del calibre del cítrico en cuestión. Su longitud (entre 80 y 90 cmts.), era la apropiada para poderlo ocultar debajo de las capas. En la Edad Media y con anterioridad al empleo de la pólvora con fines bélicos, existió una máquina de guerra denominada TRABUCO, que se usaba para poder lanzar piedras gruesas contra las murallas y fortificaciones.
El empleo del trabuco en las fiestas de Moros y Cristianos, a pesar de ser un anacronismo en la historia de la soldadesca, se ha generalizado en el área levantina, por las siguientes razones:
  • Por su longitud, ya que al ser más corto que los arcabuces y mosquetes, resulta menos engorroso en su manejo. Los normales no suelen medir más de 1 metro y pesan menos de 4 Kgs.
  • Por su facilidad de carga, al tener la boca del cañón acampanada, y por su estruendo, que es lo que en definitiva el festero pretende, cumpliendo óptimamente la relación entre la pólvora empleada y la sonoridad obtenida.
El antiguo reglamento de Armas y explosivos de los años 60, catalogaba a las armas con más de 100 años de antigüedad y a la reproducción de sus modelos, como "armas históricas", y su tenencia y fabricación no requería ningún requerimiento administrativo especial, lo que contribuyó a la proliferación y uso de las reproducciones de arcabuces y trabucos en las fiestas de Moros y Cristianos. A muchos de los arcabuces históricos ya existentes, los herreros locales les habían acortado el cañón y adoptado una pequeña campana, por lo que daban la impresión a los profanos en la materia, de que eran trabucos. El diccionario de P. Madoz de 1850, respecto a la fiesta de Abanilla dice: "se celebra con gran estrépito de trabucos". Lo anterior puede deberse a un error de apreciación, pues dicha publicación no está exenta de ellos como se ha podido constatar en ésta y otras cuestiones.
En los museos militares existen muy pocos trabucos, y alguna que otra pistola trabuco; en el Ejército Español destaca la pistola trabuco de dos cañones del General Narváez. Cabe citar como trabuco de leyenda en el levante español, el del bandolero del siglo XIX "Jaime Alfonso El Barbudo", pues según la biografía del Barón Taylor escrita por Augéne Mirecourt publicada en 1856, el Barón que fue ayudante de campo del General Orsay en la Guerra de la Independencia, visitó posteriormente nuestro país como comisario de la comedia francesa, y se encontró con Jaime; este le escoltó y le dio su protección durante varios días y cuando se despidieron, como recuerdo intercambiaron sus armas. En la biblioteca del Barón Taylor en París estuvo colgado durante muchos años el trabuco de Jaime El Barbudo.
E. Marco
Bibliografía: Tratado de las Armas.- J.E. Casariego
El Bandido y el Francés.- Francisco Cánovas Sala