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xistían
numerosos templetes y capillas de menor tamaño, estancias y almacenes situados
dentro de los muros que circundaban las zonas principales. Unos treinta faraones
contribuyeron con sus edificaciones convirtiendo al complejo en algo que por su
tamaño no se había conocido antes. La parte más
importante es su sala hipóstila con 102 metros de ancho, 53 metros de
profundidad y 134 columnas de 23 metros de altura y los capiteles en forma de
papiros abiertos cuya decoración revelaba el nombre de las divinidades a las que
la figura del faraón consagraba ofrendas. Cuenta también con un obelisco de
Tutmosis I y los que mandó construir su hija Hatchepsut.
El último faraón que llevó a cabo importantes trabajos fue
Nectanebo I, en la época de la XXX Dinastía: a él se deben el enorme pilono y la
avenida de esfinges con la cabeza de carnero (uno de los animales consagrados a
Amón), a través de la cual se accede aún hoy al templo.
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